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martes, 1 de febrero de 2011

Todo dos por uno.


El otro día estuve en un restaurante que anunciaba eso. A simple vista parecía la clásica oferta de dos por uno, pero era diferente. No ponía menús infantiles dos por uno, panqueques dos por uno ni ninguna fórmula mojigata. Ponía todo, TO-DO, se tiraban a la piscina, TODO dos por uno. Se tiraban a la piscina sin flotador, a una piscina con cloro en el agua, es más solamente con cloro, en su estado gaseoso, de hecho ni siquiera había piscina, sólo había un agujero negro de duplicidad que olía intensamente a cloro.

Entrabas y daban ganas de pedir dos tenedores, dos sillas, dos camareros, dos de todo, dos restaurantes, ¡dos! jajajaja idiotas, no lo habéis visto venir. Sírveme dos cocacolas camarero bicéfalo. ¿Y el propio cartel? ¿qué pasa ahí? Dos carteles de Todo dos por uno. Los restaurantes se irían duplicando hasta el infinito. La primera réplica del restaurante original también tendría un cartel que le obligaría a seguir clonándose. Un rollo fractal muy chungo y catastrófico. Algo de lo que Copérnico ya nos advertía.

wizard, mago, hechicero, sorcerer, atomic bomb, explosion, mage

Al final el restaurante se sale con la suya y acabas con el doble de diarrea.

No me extrañaría que para la expansión de Starbucks haya ocurrido un fenómeno similar.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Matemáticamente probable-Socialmente cuestionable

En la infinitud del universo, en algún recóndito lugar-momento del espacio-tiempo dos personas se cruzaron-cruzan-cruzarán por la calle y se produjo-produce-producirá esa situación de duda ridícula, ese amago en el que uno intenta ir hacia un lado pero el otro hace lo mismo y entonces ambos intentan rectificar pero rectifican como lo haría su reflejo en un espejo y vuelta a empezar. Pero en este recóndito lugar esto no ocurriría dos o tres veces sino para siempre. En ese imposible probabilístico dos personas quedarían atrapadas en un absurdo que la estadística descarta muy a la ligera.

Al principio las dos personas se odiarían. Su enemigo, porque al principio sería considerado un enemigo, le ha arrancado de su vida, le impide seguir su camino, bloquea su avance literal y figuradamente. Puede que incluso llegasen a intentar agredirse, pero sus puños chocarían irremediable y futilmente. Con el paso de los meses, de los años, se irían acostumbrando el uno al otro, aceptando su destino, inevitable, insalvable, envejeciendo juntos y justo al final uno tendría la suficiente confianza con el otro como para hablar.

-Voy a ir por la izquierda.
-Vale.

Y ambos darían su último paso, pero por fin certero, antes de caer muertos al suelo.